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El conejito blanco

Portada / Reflexiones / Amor

Autor desconocido

Había una vez un lindo conejito, blanco, totalmente blanco, con un pelambre largo y lustroso, tan blanco como nunca haya visto el ojo humano, niveo, musculoso y total y absolutamente blanco. Este conejito perfectamente podría haber sido parte de la élite de los conejos.

Anduvo su vida vagando por ahí, de pueblo en pueblo buscando al amor de su vida, hasta que la encontró, una coneja tan linda como él, blanca, absoultamente blanca, totalmente blanca, más blanca que nada, comenzaron a amarse cada uno por la apariencia y el amor que nació entre ellos fue algo indescriptible.

Tuvieron un romance muy lindo y duradero, fruto del cual nacieron cientos de conejitos, blancos, total y absoultamente blancos, con un muy lindo brillo en el pelo.

La familia tenía algo, entre ellos había un amor especial, ya que eran distintos a todos, eran blancos de extremo a extremo.

Con el paso del tiempo un día estaba la pareja de conejos mimándose como usualmente hacían, cuando de repente la coneja comenzó a hacerle caricias detrás de una de las orejas al conejo y descubrió que el macho tenía allí un mechón de pelos negros en forma de triángulo. La hembra no pudo soportar eso y le pidió al pobre conejo que se fuera del hogar, que
ya no lo quería más.

El pobre conejo anduvo por ahí, buscando que sus hijos lo contuvieran en su pesar, pero estos también lo discriminaron
por la misma razón.

El conejo anduvo y anduvo, hasta que por no tener el amor que necesitaba para vivir decidió quitarse la vida. Para esto fue hacia las vías del tren y apoyó, compungido, su dulce, bella y blanca cabeza sobre una de las vías y esperó a que la máquina de hierro pasara sobre él. El corte fue perfecto, la cabeza quedó por un lado y el cuerpo por otro.

El pobre animalito había muerto por amor. Los foreneses se acercaron al lugar del hecho, tomaron el cuerpo y fueron al laboratorio a examinarlo, al lavarlo, como se hace con todo cuerpo en la morgue, descubrieron que los pelos negros no eran tal, si no que era una mancha de grasa.

Moraleja...
Nunca pierdas la cabeza por un triángulo de pelos negros.


Bibliografía

Se desconoce su procedencia. Este texto fue recogido de Internet, por lo tanto, su creador y el contenido del mismo texto puede ser o no ser información exacta.

Enviado por: Ricardo González ( 29/abr/2007 )

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